Se compró una mansión de lujo, una de las más cotizadas del mercado, pero tras vivir dos años en ella llegó a la conclusión de que no estaba cómodo. Y como tiene el dinero por castigo y además es del gremio, decidió hacer reformas. Metió la piqueta y picó, y picó, y picó... Y cuando se dio cuenta no quedaba un muro intacto. Sólo podía ver una densa nube de polvo y los cimientos desnudos bajo sus pies.
El Valencia de hoy en nada se parece al que encontró Juan Soler cuando aterrizó en el club. Ni siquiera al de hace apenas un año. Bueno, sí en un aspecto. Quique continúa en el banquillo, aunque ahora ya en la primera línea de fuego y sin el parapeto que suponía el malo malísimo de Carboni. Tampoco tiene ya escudos el presidente, quien ha diseñado un organigrama a su imagen y semejanza, por lo que bajo las ruinas del viejo Valencia que él ha decidido demoler quedan también sepultadas todas las posibles excusas.
Con su revolución total, en la piel y en las entrañas, Soler ha dado un paso valiente, pero arriesgado. Tiene ante sí el desafío de evitar que le cuelguen el sambenito de que fue el presidente que lo cambió todo para que nada cambiara. En medio año ha despedido a una veintena de empleados, con un gasto de más de tres millones de euros en indemnizaciones. Ha tenido dos directores generales, que a su vez han dejado paso a otros cinco. En el plano deportivo ha relevado al máximo responsable de la parcela, Amedeo Carboni. Y en el social se ha deshecho de sus dos grandes azotes en el consejo: Vicente Soriano, al que mató de aburrimiento, y Juan Armiñana, sepultado bajo una montaña de billetes, los que corresponden a la venta de sus acciones al propio Soler.
El club se dispone a afrontar una etapa, la del nuevo estadio, llamada a reflotar una entidad asfixiada por la deuda. Ahora mismo ni siquiera el propio presidente es capaz de cuantificar los beneficios que reportará este macroproyecto urbanístico. Pero serán pingües, de eso no hay duda.
El futuro traslado de la Ciudad Deportiva a Ribarroja sirvió para saciar el hambre del club. Se esperaba más del plan Porchinos, pero al menos garantizó la supervivencia. Pan para hoy.... que no es poco. Sin embargo, el auténtico maná debe ser el nuevo estadio. Ahí se juega el Valencia su porvenir. Más allá de los cimientos de la avenida de las Cortes Valencianas se adivina un mundo de recursos por explotar. Márquetin, restaurantes... Es el tren del futuro. El que pasa una vez. El que no se puede escapar.
Y ante semejante reto, Juan Soler entendió que no le servían sus compañeros de viaje. En unos casos desconfiaba de ellos; en otros, simplemente los veía poco preparados para poner los raíles por los que debe circular el nuevo Valencia.
Al presidente no le salían las cuentas. Miraba el capítulo de ingresos y lo veía escuálido. Su empresa, porque como tal considera al club, era para él una torre de gelatina, que por un lado aspira a tocar la luna y por otro parece incapaz de tenerse en pie. Soler llegó a la conclusión de que los recursos económicos que ahora mismo hay al alcance del Valencia están desaprovechados, de que con otra gente podría obtener mayores ingresos. Y eso, que ahora es importante, puede marcar la historia del club cuando se llegue a la Tierra Prometida y el dinero brote debajo de las piedras.
Una palabra sacude su cabeza desde que vio la maqueta del futuro Mestalla: profesionalización. A ella ha consagrado la enérgica limpieza emprendida. Tal es su convencimiento, que el constructor considera una inversión de futuro el coste económico de estos despidos.
Manuel Llorente no esperó a que le echaran. El eterno director general sintió que estaba de más y su dignidad no tiene precio. Tras diez años de entrega al club, de desgastar las teclas de su calculadora en busca de un decimal milagroso que permitiera cuadrar las cuentas, cogió su maleta y tomó las de Villadiego.
Ocupó su plaza Juan Galiano. Hombre fiel al presidente, aceptó con abnegación el papel de bisagra. Con abnegación y con un suculento contrato que luego se tradujo en otra estratosférica indemnización. Un nuevo gasto necesario, a ojos de Soler, para evitar que su revolución estallase demasiado pronto, a mitad de temporada. Galiano proporcionó a su homónimo el tiempo necesario para definir en la sombra la nueva estructura del club y poner a cada cargo un nombre propio.
A la espera de que el tiempo juzgue su profunda remodelación, Soler presume de haber dado en el clavo. Se siente arropado por su incipiente organigrama de cinco directores generales y un consejo a su medida, más sumiso que nunca, donde al alzar los ojos ya no ve lo que para él era gente pasiva, disidentes o filtradores. Pero hay vida fuera del Valencia y los deportados comienzan a organizarse en lo que de momento, dado su escaso poder accionarial, no es más que una simple corriente crítica que apenas inquieta al constructor.
La convulsión ha agitado todos los estamentos de un club alérgico a la armonía. Doce meses después de que rodara la cabeza de Subirats, cayó la de Carboni. Con la ejecución del italiano, Soler asumió implícitamente su ingenuidad al nombrarlo. Vio en el ex futbolista a un hombre de la casa, voluntarioso y honrado, pero tenía demasiados enemigos dentro y fuera del club como para triunfar. El acoso al que Carboni fue sometido desde el primer día, unido a su irreconciliable relación con Quique, condujo al presidente a tomar su decisión más dolorosa.
Amedeo pudo quedarse como secretario técnico, a la sombra de Miguel Ángel Ruiz. De hecho, esos eran los planes que un año atrás había trazado Soler para el italiano, aunque entonces la marcha de Eduardo Maciá impulsó el precipitado ascenso del de Arezzo. El constructor le propuso ahora recorrer el camino inverso, pasar a un segundo plano para aprender de Ruiz, pero el orgullo condujo a Carboni a rechazar la propuesta.
Con el relevo en la dirección deportiva, Soler dio por terminadas las reformas. Ahora mira de nuevo su mansión y sí le gusta. Ya se siente cómodo. Más le vale haber acertado en la cimentación, porque en tres años ha podido comprobar que vive sobre una zona de gran actividad sísmica.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 17 de septiembre de 2007)
Fichajes de perfil bajo y no vender a las estrellas
"Son muy distintos". Juan Soler rehúye cualquier comparación entre Amedeo Carboni y Miguel Ángel Ruiz. Y se queda corto. Son diametralmente opuestos. El vedetismo del italiano contrasta con el discreto segundo plano en el que prefiere moverse el de Toledo. Sin embargo, el destino los ha unido. Los fichajes que ha hecho el Valencia responden al perfil bajo de su nuevo director deportivo, pero más de la mitad los cerró Carboni antes de ser destituido. El retraso de Juan Soler a la hora de tomar su decisión tiene ese precio.
Frente a la incontinencia del Real Madrid, que un año más ha reventado el verano balompédico con sus traspasos fuera de mercado, o el florentinismo del Barcelona, que añade el nombre de Henry a su peligrosa agenda de galácticos, la política de fichajes del Valencia puede dejar frío.
Sin embargo, la inversión blanquinegra va más allá de los casi 44 millones de euros gastados en nueve hombres de equipo. La ambición deportiva del club de Mestalla no sólo debe medirse por el dinero que destina a fichajes, sino sobre todo por los ingresos a los que renuncia al retener a sus jugadores franquicia.
A pesar de los rumores que han ido alimentado los representantes, al despacho de Juan Soler no llegó ninguna oferta por David Silva o David Villa. Sin embargo, parece evidente que no habría sido complicado encontrar un buen comprador para cualquiera de ellos, dos de las figuras más emergentes del fútbol continental. Fernando Torres, más mediático pero hasta ahora menos rentable que los valencianistas, dejó en las arcas del Atlético de Madrid un botín de 36 millones de euros procedentes del Liverpool.
Dando por buena una cantidad inferior, el Valencia podría haber ingresado por sus dos perlas en torno a los 60 millones. Ese dinero que se deja de cobrar también debe considerarse inversión en la plantilla, y sumado a los 44 millones gastados por el club se llega a una cifra de más de 100 millones, no tan lejos de los 119 del Real Madrid.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 17 de septiembre de 2007)
Frente a la incontinencia del Real Madrid, que un año más ha reventado el verano balompédico con sus traspasos fuera de mercado, o el florentinismo del Barcelona, que añade el nombre de Henry a su peligrosa agenda de galácticos, la política de fichajes del Valencia puede dejar frío.
Sin embargo, la inversión blanquinegra va más allá de los casi 44 millones de euros gastados en nueve hombres de equipo. La ambición deportiva del club de Mestalla no sólo debe medirse por el dinero que destina a fichajes, sino sobre todo por los ingresos a los que renuncia al retener a sus jugadores franquicia.
A pesar de los rumores que han ido alimentado los representantes, al despacho de Juan Soler no llegó ninguna oferta por David Silva o David Villa. Sin embargo, parece evidente que no habría sido complicado encontrar un buen comprador para cualquiera de ellos, dos de las figuras más emergentes del fútbol continental. Fernando Torres, más mediático pero hasta ahora menos rentable que los valencianistas, dejó en las arcas del Atlético de Madrid un botín de 36 millones de euros procedentes del Liverpool.
Dando por buena una cantidad inferior, el Valencia podría haber ingresado por sus dos perlas en torno a los 60 millones. Ese dinero que se deja de cobrar también debe considerarse inversión en la plantilla, y sumado a los 44 millones gastados por el club se llega a una cifra de más de 100 millones, no tan lejos de los 119 del Real Madrid.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 17 de septiembre de 2007)
Amedeo Carboni: "No me gusta llorar ni quejarme de que falta esto o lo otro, sino buscar soluciones"
Las bajas aumentan, Quique pide fichajes y usted no se los da. ¿Cómo lo lleva el técnico?No se trata de reforzar o no la plantilla, sino de dar una oportunidad a los futbolistas que no han jugado. Yo entiendo muy bien al entrenados, que está preocupado, al igual que lo estoy yo. Vengo de un vestuario y sé lo que es eso. Pero también hay un límite, una filosofía de club. Tenemos 25 jugadores en plantilla, más cuatro chavales inscritos en la Champions League. Sinceramente, creo que con eso puede bastar. Además, si ficháramos a alguien parecería que los que hay en estos momentos no valen. Sería extraño.Usted asume la responsabilidad de no fichar, pero en realidad es una decisión del consejo, basada tanto en criterios filosóficos como económicos. ¿Siente que le toca ser el malo de la película?Me limito a defender la filosofía que queremos implantar en el Valencia. No quiere decir que renunciemos de forma absoluta a fichar. Entendemos que es una situación límite y si esto empeora tendríamos que plantearnos algo. Pero ahora mismo es hora de hacer piña, de estar unidos ante una urgencia. Y sé que el entrenador también confía en la gente que tiene en la plantilla.Pero entenderá que, con el equipo herido por las bajas, no resulta muy popular cerrar el grifo.A la hora de ir a por un futbolista no sólo se mira si es bueno. Hay que fijarse en lo que cuesta, en si tiene buen carácter... Y en este momento fichar es complicado. Sobre todo encontrar futbolistas que estén a la altura del Valencia. La mayoría ya han jugado la Champions y cuando sus clubes de origen nos vieran venir seguro que especularían (sonríe).De sus palabras deduzco que no ve a Mariano Pernía como un jugador a la altura del Valencia.No digo eso, simplemente que pedir futbolistas ahora es complicado. Incluso pensando en el respeto a esos mismos jugadores que podrían venir. Imagine que hoy ficho a alguien y en dos o tres meses vuelven los lesionados. ¿Qué hacemos? ¿A quién tiramos? Tampoco sería correcto. Hay muchas cosas a tener en cuenta. Entiendo al entrenador, y yo también quiero hacer el equipo más grande del mundo, pero no se puede fichar por fichar.Sí, pero como los resultados no acompañen...Recuerde el caso de Benítez. Cuando se lesionó Curro Torres jugó Garrido más de 20 partidos y lo hizo fenomenal. Si estando todo el mundo bien decidimos apostar por la cantera, ahora que la necesitamos no podemos dar marcha atrás. Eso tampoco quiere decir que debamos dar demasiada responsabilidad a los jóvenes, no me parecería justo. Pero si están inscritos en la lista de la Champions, ¿ahora que tienen que jugar ya no valen? Hay que entender la postura del club. Es la misma que aplican grandes entidades como el Arsenal o el Manchester. El mismo Barça juega con gente muy joven. ¿Por qué nosotros no?¿Cuántas lesiones hacen falta para que varíe el planteamiento?El planteamiento es este ahora, aunque vivimos una situación límite. Por eso no me molesta que el entrenador diga que necesita refuerzos. Lo entiendo, aunque una vez que el club y la dirección técnica han dicho que no se va a fichar todos debemos ir por el mismo camino.¿Las puertas a los fichajes están cerradas también para diciembre?Las puertas nunca se pueden cerrar, ni para vender ni para fichar.Usted acaba de lamentar, en la rueda de prensa previa a esta entrevista, que Quique no lave los trapos sucios en casa.No, yo no he querido decir eso. Pero sí es verdad que cuando uno tiene que manifestar algo que va un poquito fuera de la regla es mejor que lo diga en casa. Estamos preocupados todos, aunque hay una filosofía que todo el mundo debe respetar y si cada uno va a su bola...Lo que parece claro es que Quique maneja el timón y no está plenamente convencido del rumbo elegido para superar tanto escollo. ¿Afectará eso al equipo?¿Usted cree que yo tengo la certeza absoluta de que todo irá bien, de que Moretti, Del Horno o Baraja volverán? Yo estoy preocupado, como todos, porque no es normal ver tantas y tan graves lesiones.Para el lateral izquierdo se puede recurrir a Cerra, o cambiar de banda a Curro o a Miguel. ¿Qué alternativa le convence más o, permítame, le preocupa menos? No es mi tema. Nunca el club le dirá al entrenador quién debe jugar.¿No le parece que la baja de Albelda es demasiado profunda para que la cubra Pallardó?Tenemos a Pallardó, pero también a Hugo Viana, que cuando juega demuestra que puede estar en esta plantilla. Ha vuelto Edu y volverá Baraja. Creo que nos podemos apañar. No es la mejor condición, y soy el primero que lo admite, pero aquí no tenemos titulares y suplentes. Los 25 que hay pueden jugar. Lo pienso yo, el club y el propio entrenador, que es quien los eligió.Además de un portero, Quique pedía este verano un central y un relevo para Albelda. ¿Le ha dado el tiempo la razón?¿Un portero? ¿Para qué? Somos el único equipo de Primera con tres guardametas.Mora no convence a Quique.Está Butelle, y si él lesiona ahora tenemos a Mora. Y el día en que haya dos porteros habrá que subir al del filial. Si no, para qué tenemos la escuela. Seamos serios.Qué bien vendría ahora Caneira.Ya, pero nadie puede predecir el futuro. A mí no me gusta llorar ni quejarme de que falta esto o lo otro, sino buscar soluciones.Pues si llegan a vender a Marchena o a David Navarro en verano...Ya. No es común que haya tantas lesiones. El porqué es lo que tenemos que averiguar bien.¿Tiene alguna teoría?No (ríe). No la tengo.¿Qué sintió cuando llegó a sus oídos que Tavano se borró del equipo exagerando una lesión?Que era una mentira, pero no podemos comentar todas las mentiras que se escriben.¿Considera que aún es posible que el italiano triunfe a pesar de su falta de adaptación y del entorno negativo que le persigue?Si le digo que tenemos ofertas de equipos no importantes, sino superimportantes, por Tavano y les hemos dicho que lo queremos ver primero aquí. Eso demuestra que el chico tiene mucho nombre fuera de aquí y también en España.Deme nombres.No puedo, por respeto. Pero son clubes de primerísimo nivel.Y ahora él debe ganarse el derecho a que no lo vendan...Nadie va a vender a nadie. Queremos que Tavano demuestre que no nos equivocamos al ficharlo, y en caso contrario ya nos plantearíamos de otra forma el futuro. Esperamos que haga en el Valencia lo que ha hecho hasta ahora en Italia.Sea sincero. ¿Se equivocó con el fichaje de Del Horno?A lo mejor habría pagado menos por él, pero si me hubieran dicho que no jugaría hasta diciembre o enero también lo habría fichado. Es el mejor lateral izquierdo español. Ahora bien, lo que ha pasado con él debe servirnos de lección y cuando contratemos a alguien con algún tipo de problema debemos averiguar más sobre su estado. Y eso que esta vez estudiamos mucho el caso.Suena a mea culpa.Los que vieron a Del Horno cuando lo fichamos son los mismos que lo han operado. Ha habido mucha mala suerte, porque existía un 90% de posibilidades de que la lesión evolucionara como todos deseábamos.Ayala y Cañizares prefieren negociar con Soler a hacerlo con usted. ¿Debe el presidente negarse?No. ¿Por qué?Pues porque negociar es competencia del director deportivo.¿Qué problema hay? Seamos democráticos. Yo soy un empleado más y presidente sólo hay uno. Yo siempre doy mi opinión, pero la decisión final es suya.Y opina que deben renovar.Primero hay que ver lo que quieren ellos, pero a nivel deportivo, viendo cómo están jugando, creo que merecen seguir en el Valencia por lo menos otro año más. Y a lo mejor alguno jugará dos.¿Siente que a muchos de los que hasta hace poco fueron sus compañeros de vestuario no les hace gracia tenerlo como jefe?No, al contrario. Con la gente que hablo noto cariño, aunque no estoy 24 horas con ellos.¿Tiene Quique crédito ilimitado?No es una pregunta para responder.Se ha hablado mucho de su relacion con el entrenador. Defínala.(Sonríe). Es normal, con opiniones que no coinciden y otras que sí. Pero los dos tenemos claro que vamos a hacer un Valencia grande. Y en la mayoría de casos coincidimos, como al confeccionar la plantilla.Pues menudo recado le ha enviado con lo de que quien se quiera bajar del barco puede hacerlo.No contesto a una pregunta así.Pero es un mensaje directo a él.No me refería a nadie en concreto. Simplemente he querido decir que si alguien tiene miedo se le puede decir que no suba al barco. ¿Por qué se empeñan en buscar segundos fines en las palabras? Hay que cambiar esta mentalidad. Cuando tengo que decirle algo a alguien se lo digo.Los 10 millones que ofrece el Newcastle por Navarro son un caramelo. Lástima renunciar a esa inyección económica por las bajas.Navarro habría sido imprescindible también hace dos meses. Es un gran futbolista y se siente valencianista, lo que hace que siempre dé algo más. Si alguien quiere a un jugador con el que cuenta el Valencia sólo tiene un camino: pagar la cláusula y convencerlo para que se vaya.¿Debería Butelle haberse ido cedido para completar su formación?El pasado ya no sirve de nada. Hay que pensar en el presente y, si podemos, en el futuro.Si llega usted a jugar un año más, ahora sería titular fijo.Bueno, la temporada es larga.Igual en tal caso Quique tendría menos reparos a la hora de alinear a Cerra...(Sonríe, pero no responde).¿Ha visto la maqueta del estadio?Pues no.Tendrá ganas de hacerlo.Estoy muy intrigado por lo bonito que será, es cierto.Usted presume de aislarse de las críticas, pero ¿no siente que en torno a su figura hay un ejército de fiscales desde el primer día?Es normal que a todo el mundo no le caigas bien, y si las acusaciones se quedan en el ámbito deportivo las acepto. Pero cuando alguien pasa a otros terrenos demuestra su nivel como persona. Y yo me alegro de no ser amigo de esas personas. Siempre es bueno conocer a tu enemigo. - "Entiendo al entrenador y yo también quiero hacer el equipo más grande del mundo, pero no se puede fichar por fichar"
Un club, tres nombres y mucho maquillaje
Juan Soler ha construido el más ambicioso de sus proyectos deportivos. Una insospechada macroinversión de 46 millones de euros, con el fichaje de un talento como Joaquín y de jugadores de la rentabilidad de Morientes o Del Horno, invita a pensar que este Valencia por fin retomará la senda del éxito.
Las dudas, sin embargo, persisten. Son inherentes a este club y están más que justificadas. Soler no ha logrado desvanecer la catastrófica sensación de que su edificio se asienta sobre arenas movedizas, que tiene cimientos de plastilina. El constructor dispone de nueve meses de competición para demostrar que no es así.
El club vive inmerso en una continua convulsión. Es la asignatura pendiente del presidente, sólo resistible mientras no se contagie al terreno de juego. El futuro del equipo se encuentra en manos de tres hombres, Soler, Carboni y Quique, cuyas relaciones se agrietan paulatinamente. De momento, entre los dos primeros y el tercero. Todo lo que se haga para evitar el divorcio es pura cosmética. Maquillaje. Las arrugas se van disimulando, pero están ahí.
El dirigente destituyó a Javier Subirats porque apostaba firmemente por el entrenador madrileño, su hombre de confianza, el técnico que encarnaba las virtudes del añorado Rafa Benítez. En definitiva, Soler admiraba su sensatez y aptitud. Apenas han transcurrido cuatro meses desde aquello, pero ahora la situación de Quique Sánchez Flores es bien distinta. El futuro del técnico se encuentra ya sujeto exclusivamente a la arbitrariedad de los resultados. De ellos y de su capacidad para no pisar más charcos depende que continúe al frente del equipo. Y sólo han pasado cuatro meses...
El intenso idilio entre técnico y presidente comenzó a tambalearse durante las negociaciones para renovar el contrato del primero. Quique se sintió fuerte, tenía motivos para ello, y reclamó un proyecto duradero, permanecer al menos dos años más ligado al club y un sustancial aumento de sus ingresos. Al final hubo boda, pero sin beso. El tira y afloja, inesperado por Soler, erosionó su confianza en el madrileño, aunque por primera vez sacó la polvera y disimuló el conflicto.
El verano no ha hecho más que empeorar la situación del técnico en el club. La explicación hay que buscarla al otro lado del ring, perdón, de las instalaciones de Paterna, donde se encuentra Carboni.
Soler vio en el italiano la antítesis de Subirats: irreprochable imagen ante los medios de comunicación, capacidad de trabajo, dotes de seducción esenciales a la hora de negociar, contactos en el Calcio... Obvió su evidente falta de experiencia y le entregó la dirección deportiva del Valencia, confiado en que Eduardo Maciá, entonces miembro de la secretaría técnica blanquinegra, sería el impagable lazarillo en su necesario proceso de adaptación al cargo. Pero el joven técnico se cansó de bailar la yenca. Hoy le decían que debía rastrear el mercado en busca de refuerzos y mañana le insinuaban que su futuro estaba ligado a la cantera. Se hartó y emigró a Liverpool, dejando al de Arezzo sólo ante el peligro.
No lo ha tenido nada fácil Carboni. Desde el primer día se ha encontrado con una corriente crítica empecinada en airear sus lagunas, detractores que jugaban con las cartas marcadas y sabían que el italiano, partiendo de cero con el mercado en plena ebullición, tenía todas las de perder.
Pero el principal riesgo de dejar la confección de la plantilla en manos de Carboni estaba más vinculado a su condición de ex jugador que a su evidente falta de currículo. El destino era caprichoso. Si en mayo Amedeo lamentaba que Quique le condujera a la jubilación forzosa, en junio se convertía en jefe del madrileño. Y además tenía la responsabilidad de decidir el futuro de sus recientes compañeros de vestuario. De todos. De aquellos con los que se llevaba bien y también de los que mantenían con él una relación poco cordial.
Todo esto deja sus secuelas. Las colisiones con el entrenador han sido permanentes. Si este le pedía a Luis García, aquel le traía a Tavano. Si reclamaba un relevo para Albelda y un defensa central, le daba a Ayala. ¿Pero ese no estaba ya?, debió de pensar Quique. A la inversa, más de lo mismo. Cuando Carboni negociaba con Mancini, el entrenador desacreditaba en público al brasileño, y si el director deportivo hacía el milagro de ficharle a Joaquín, por fin un hombre de consenso, entonces el madrileño lamentaba la pérdida de Regueiro, a quien por otro lado hace un año apenas dio bola. De locos.
Soler tuvo que recurrir de nuevo a la cosmética. Se encerró con los dos técnicos, les exigió un armisticio y volvió a airear la polvera. Más maquillaje: que si sólo se trataba de un contraste de opiniones, que si toda diferencia de planteamientos ayuda al club a crecer...
No sería la última vez que lo hiciera en un convulso verano. Ayala desató un nuevo terremoto al llamar mentirosos a presidente y director deportivo y acusar al Valencia de maltratarle. Otro lunar en el expediente de Carboni, que desató el conflicto al retirar al argentino la oferta verbal de renovación que el presidente le formuló en un aeropuerto. Y otro lunar también para el central, quien no aceptó luego la marcha atrás del director deportivo, seducido ya por los cantos de sirena que le llegaban desde Villarreal. La situación se hizo insostenible hasta que Soler recurrió por enésima vez a su milagroso maletín. Sombra aquí, sombra allá, y apretón de manos en una foto tan forzada como necesaria para la estabilidad del equipo.
El futuro, pese a todo, se presenta esperanzador. En ocasiones el presidente parece poseer el don divino de escribir recto con renglones torcidos. Contra todo pronóstico, tras una desquiciante pretemporada de reproches internos y negociaciones con futbolistas frustradas, el Valencia ha conseguido confeccionar una plantilla de mucho nivel.
Hay lagunas, las que lamentó Quique en defensa y en la medular, pero la redención de Ayala contribuye a aliviarlas. Y del centro del campo hacia arriba, el técnico cuenta con un equipo de fábula. Gavilán será un acicate para el resucitado Vicente en la izquierda, Joaquín debe reencontrarse consigo mismo en la derecha y Morientes y Villa están llamados a romper los marcadores, con Silva capacitado para jugar, y exhibirse, en cualquier posición del ataque. Sobre la pizarra, todo perfecto. Ahora falta que nada se tuerza entre bastidores. No conviene abusar del maquillaje. Ya se sabe que en la mayoría de ocasiones el algodón no engaña.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 11 de septiembre de 2006)
Las dudas, sin embargo, persisten. Son inherentes a este club y están más que justificadas. Soler no ha logrado desvanecer la catastrófica sensación de que su edificio se asienta sobre arenas movedizas, que tiene cimientos de plastilina. El constructor dispone de nueve meses de competición para demostrar que no es así.
El club vive inmerso en una continua convulsión. Es la asignatura pendiente del presidente, sólo resistible mientras no se contagie al terreno de juego. El futuro del equipo se encuentra en manos de tres hombres, Soler, Carboni y Quique, cuyas relaciones se agrietan paulatinamente. De momento, entre los dos primeros y el tercero. Todo lo que se haga para evitar el divorcio es pura cosmética. Maquillaje. Las arrugas se van disimulando, pero están ahí.
El dirigente destituyó a Javier Subirats porque apostaba firmemente por el entrenador madrileño, su hombre de confianza, el técnico que encarnaba las virtudes del añorado Rafa Benítez. En definitiva, Soler admiraba su sensatez y aptitud. Apenas han transcurrido cuatro meses desde aquello, pero ahora la situación de Quique Sánchez Flores es bien distinta. El futuro del técnico se encuentra ya sujeto exclusivamente a la arbitrariedad de los resultados. De ellos y de su capacidad para no pisar más charcos depende que continúe al frente del equipo. Y sólo han pasado cuatro meses...
El intenso idilio entre técnico y presidente comenzó a tambalearse durante las negociaciones para renovar el contrato del primero. Quique se sintió fuerte, tenía motivos para ello, y reclamó un proyecto duradero, permanecer al menos dos años más ligado al club y un sustancial aumento de sus ingresos. Al final hubo boda, pero sin beso. El tira y afloja, inesperado por Soler, erosionó su confianza en el madrileño, aunque por primera vez sacó la polvera y disimuló el conflicto.
El verano no ha hecho más que empeorar la situación del técnico en el club. La explicación hay que buscarla al otro lado del ring, perdón, de las instalaciones de Paterna, donde se encuentra Carboni.
Soler vio en el italiano la antítesis de Subirats: irreprochable imagen ante los medios de comunicación, capacidad de trabajo, dotes de seducción esenciales a la hora de negociar, contactos en el Calcio... Obvió su evidente falta de experiencia y le entregó la dirección deportiva del Valencia, confiado en que Eduardo Maciá, entonces miembro de la secretaría técnica blanquinegra, sería el impagable lazarillo en su necesario proceso de adaptación al cargo. Pero el joven técnico se cansó de bailar la yenca. Hoy le decían que debía rastrear el mercado en busca de refuerzos y mañana le insinuaban que su futuro estaba ligado a la cantera. Se hartó y emigró a Liverpool, dejando al de Arezzo sólo ante el peligro.
No lo ha tenido nada fácil Carboni. Desde el primer día se ha encontrado con una corriente crítica empecinada en airear sus lagunas, detractores que jugaban con las cartas marcadas y sabían que el italiano, partiendo de cero con el mercado en plena ebullición, tenía todas las de perder.
Pero el principal riesgo de dejar la confección de la plantilla en manos de Carboni estaba más vinculado a su condición de ex jugador que a su evidente falta de currículo. El destino era caprichoso. Si en mayo Amedeo lamentaba que Quique le condujera a la jubilación forzosa, en junio se convertía en jefe del madrileño. Y además tenía la responsabilidad de decidir el futuro de sus recientes compañeros de vestuario. De todos. De aquellos con los que se llevaba bien y también de los que mantenían con él una relación poco cordial.
Todo esto deja sus secuelas. Las colisiones con el entrenador han sido permanentes. Si este le pedía a Luis García, aquel le traía a Tavano. Si reclamaba un relevo para Albelda y un defensa central, le daba a Ayala. ¿Pero ese no estaba ya?, debió de pensar Quique. A la inversa, más de lo mismo. Cuando Carboni negociaba con Mancini, el entrenador desacreditaba en público al brasileño, y si el director deportivo hacía el milagro de ficharle a Joaquín, por fin un hombre de consenso, entonces el madrileño lamentaba la pérdida de Regueiro, a quien por otro lado hace un año apenas dio bola. De locos.
Soler tuvo que recurrir de nuevo a la cosmética. Se encerró con los dos técnicos, les exigió un armisticio y volvió a airear la polvera. Más maquillaje: que si sólo se trataba de un contraste de opiniones, que si toda diferencia de planteamientos ayuda al club a crecer...
No sería la última vez que lo hiciera en un convulso verano. Ayala desató un nuevo terremoto al llamar mentirosos a presidente y director deportivo y acusar al Valencia de maltratarle. Otro lunar en el expediente de Carboni, que desató el conflicto al retirar al argentino la oferta verbal de renovación que el presidente le formuló en un aeropuerto. Y otro lunar también para el central, quien no aceptó luego la marcha atrás del director deportivo, seducido ya por los cantos de sirena que le llegaban desde Villarreal. La situación se hizo insostenible hasta que Soler recurrió por enésima vez a su milagroso maletín. Sombra aquí, sombra allá, y apretón de manos en una foto tan forzada como necesaria para la estabilidad del equipo.
El futuro, pese a todo, se presenta esperanzador. En ocasiones el presidente parece poseer el don divino de escribir recto con renglones torcidos. Contra todo pronóstico, tras una desquiciante pretemporada de reproches internos y negociaciones con futbolistas frustradas, el Valencia ha conseguido confeccionar una plantilla de mucho nivel.
Hay lagunas, las que lamentó Quique en defensa y en la medular, pero la redención de Ayala contribuye a aliviarlas. Y del centro del campo hacia arriba, el técnico cuenta con un equipo de fábula. Gavilán será un acicate para el resucitado Vicente en la izquierda, Joaquín debe reencontrarse consigo mismo en la derecha y Morientes y Villa están llamados a romper los marcadores, con Silva capacitado para jugar, y exhibirse, en cualquier posición del ataque. Sobre la pizarra, todo perfecto. Ahora falta que nada se tuerza entre bastidores. No conviene abusar del maquillaje. Ya se sabe que en la mayoría de ocasiones el algodón no engaña.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 11 de septiembre de 2006)
El Valencia se pone al nivel de los ricos de Europa y revienta el mercado con Joaquín
El Valencia reventó el mercado cuando nadie lo podía imaginar. Pagó 25 millones de euros, una cantidad sólo al alcance de grandes derrochadores como el Real Madrid, y trajo a Mestalla a un interior diestro de campanillas, Joaquín Sánchez. Hace unos meses el gaditano había llegado a un acuerdo con José Antonio Camacho para recalar en el Bernabéu en caso de que Juan Palacios ganara las elecciones merengues. Ahora correrá por la banda izquierda de Mestalla.
Fue la operación estelar del Valencia 2006-07, el fichaje más caro en la historia del club, por encima del de Pablo Aimar, y el segundo más espectacular del verano español, sólo superado por Diarra, madridista a cambio de 26 millones.
Si su rendimiento se ajusta a las expectativas generadas, el de Puerto de Santa María puede acabar siendo más económico que Francesco Tavano. Goleador semidesconocido en el Calcio, el italiano costó nueve millones y se ha convertido en la apuesta personal de Amedeo Carboni, como David Villa lo fue de Javier Subirats. En este caso el riesgo es mayor y el porcentaje de éxito o fracaso, también.
Menos dudas despiertan las incorporaciones de Fernando Morientes y Asier del Horno. El extremeño, por el que se ha pagado 5'5 millones, garantiza compromiso y conoce a la perfección el fútbol español. El vasco, comprado al Chelsea por siete millones, es un baluarte defensivo por el que suspiraba el Real Madrid hasta que cayó en los largos tentáculos de Abramovich.
David Silva y Jaime Gavilán completan el capítulo de refuerzos, al que el Valencia ha destinado más de 46 millones, frente a los 20 ingresados por la venta de jugadores, sobre todo Aimar y Mista.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 11 de septiembre de 2006)
Fue la operación estelar del Valencia 2006-07, el fichaje más caro en la historia del club, por encima del de Pablo Aimar, y el segundo más espectacular del verano español, sólo superado por Diarra, madridista a cambio de 26 millones.
Si su rendimiento se ajusta a las expectativas generadas, el de Puerto de Santa María puede acabar siendo más económico que Francesco Tavano. Goleador semidesconocido en el Calcio, el italiano costó nueve millones y se ha convertido en la apuesta personal de Amedeo Carboni, como David Villa lo fue de Javier Subirats. En este caso el riesgo es mayor y el porcentaje de éxito o fracaso, también.
Menos dudas despiertan las incorporaciones de Fernando Morientes y Asier del Horno. El extremeño, por el que se ha pagado 5'5 millones, garantiza compromiso y conoce a la perfección el fútbol español. El vasco, comprado al Chelsea por siete millones, es un baluarte defensivo por el que suspiraba el Real Madrid hasta que cayó en los largos tentáculos de Abramovich.
David Silva y Jaime Gavilán completan el capítulo de refuerzos, al que el Valencia ha destinado más de 46 millones, frente a los 20 ingresados por la venta de jugadores, sobre todo Aimar y Mista.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 11 de septiembre de 2006)
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 11 de septiembre de 2006)
La Fórmula Uno apuesta por un circuito urbano en Valencia para el Mundial 2008
Cuando Francisco Camps y Bernie Ecclestone estrecharon sus manos el pasado 8 de abril sobre el asfalto del circuito de Cheste, probablemente se guiñaron también un ojo, conscientes de que guardaban un secreto que dejaría boquiabierto al mundo del motor. Y cuando, hace apenas una semana, Michel Bonnefous comparó en LAS PROVINCIAS la dársena valenciana con Mónaco, no sabía hasta qué punto andaba en lo cierto.Si no hay un cambio de rumbo y se cumple lo pactado entre el presidente de la Generalitat y el magnate de la Fórmula 1, el mayor espectáculo automovilístico del mundo llegará a Valencia en 2008 y no tendrá como escenario el circuito Ricardo Tormo, sino un trazado urbano que discurrirá por la zona marítima que tanto sedujo a Ecclestone. Será el segundo Gran Premio de estas características en el calendario de la Fórmula 1, junto con el de Montecarlo.
La idea se gestó en la visita de Ecclestone al puerto de Valencia. El empresario británico quedó fascinado por el embrujo de la Copa América, las infraestructuras del recinto portuario y su capacidad para la recepción de megayates y embarcaciones de lujo. ¿Por qué llevar la Fórmula 1 a un circuito más cuando existe la oportunidad de vender "el secreto mejor guardado del mundo", como definió Ecclestone a Valencia? La posibilidad de configurar un trazado urbano agrada a todas las partes. El presidente de Formula 1 ve saciada su hambre de glamour y Camps logra mostrar a millones de telespectadores de todo el planeta los encantos de la fastuosa Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Aunque todavía quedan muchas reuniones por delante, el circuito urbano que proyectan Camps y Ecclestone partiría del mismo puerto. Ahí estaría la línea de meta. En la zona norte se emplazaría el paddock y la gran curva que permitiría regresar al litoral coincidiría con la rotonda situada frente al Corte Inglés de la avenida de Francia. Tampoco se ha descartado prolongar el recorrido hasta el Parotet, lo que permitiría adentrarse aún más en el entorno de la majestuosa obra de Calatrava.
Una vez reemprendido el camino hacia el puerto, los monoplazas correrían paralelos al viejo cauce, donde se ubicaría una gran tribuna para que el público pudiera seguir la carrera desde un puesto de privilegio. El Gran Premio discurriría en este punto junto al espacio que actualmente ocupan los depósitos de hidrocarburo de la compañía CLH, que deben ser desmantelados para permitir la construcción de viviendas y nuevos viales.
Los primeros informes técnicos avalan la iniciativa. El trazado propuesto por Ecclestone reúne las condiciones exigibles para albergar una carrera de F1. Tendría una longitud de 4.100 a 4.300 metros, frente a los 3.340 de Montecarlo, el circuito con el que guardaría mayor similitud.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 28 de mayo de 2006)
Cómo seducir a un multimillonario
Cada paso estaba milimétricamente calculado. Nada se dejó en manos de la improvisación. Cuando viajó en febrero a Londres para seducir a Ecclestone, Francisco Camps sabía que jugaba a caballo ganador. Antes de ese mediático encuentro, lejos de las cámaras de la televisión ya se habían producido fructíferos contactos.
El Consell sabía que sobre la mesa de Ecclestone se acumulan decenas de solicitudes de ciudades que aspiran a obtener un Gran Premio. Lo importante era, por tanto, ser capaz de llamar la atención del magnate, hacerle entender que la propuesta de Valencia no debía acabar en un cajón como tantas otras. Fuentes próximas a la negociación recuerdan que Zaplana ya trató de alcanzar un acuerdo con Ecclestone durante su etapa como presidente de la Generalitat y la reunión entre ambos apenas duró diez minutos.
Esta vez el Consell entendió que el camino más largo era en realidad un atajo y, en lugar de ir directamente a por la Fórmula 1, ofreció el Ricardo Tormo como circuito de referencia para impulsar la GP2. Esta categoría, considerada la segunda división del automovilismo mundial, es actualmente uno de los puntos débiles de Ecclestone, quien quiere a toda costa potenciarla como trampolín inevitable para cualquier piloto que desee tocar el cielo de la Fórmula 1.
Pero la GP2 carece, lógicamente, del poder de la categoría reina. Por eso ningún circuito del mundo está interesado en acoger sus carreras salvo que sean teloneras del gran espectáculo que garantizan los Alonso, Raikkonen o Schumacher. Ninguno excepto Cheste, que se ofreció para albergar de forma inmediata la GP2 a la espera de que el sueño de la Fórmula 1 se hiciera realidad.
Ecclestone aplaudió el gesto, dio a Valencia la apertura del Mundial y visitó la ciudad para evaluar cuándo recibiría el premio que en realidad buscaba. Entonces vio el puerto y tomó la gran decisión.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 28 de mayo de 2006)
El Consell sabía que sobre la mesa de Ecclestone se acumulan decenas de solicitudes de ciudades que aspiran a obtener un Gran Premio. Lo importante era, por tanto, ser capaz de llamar la atención del magnate, hacerle entender que la propuesta de Valencia no debía acabar en un cajón como tantas otras. Fuentes próximas a la negociación recuerdan que Zaplana ya trató de alcanzar un acuerdo con Ecclestone durante su etapa como presidente de la Generalitat y la reunión entre ambos apenas duró diez minutos.
Esta vez el Consell entendió que el camino más largo era en realidad un atajo y, en lugar de ir directamente a por la Fórmula 1, ofreció el Ricardo Tormo como circuito de referencia para impulsar la GP2. Esta categoría, considerada la segunda división del automovilismo mundial, es actualmente uno de los puntos débiles de Ecclestone, quien quiere a toda costa potenciarla como trampolín inevitable para cualquier piloto que desee tocar el cielo de la Fórmula 1.
Pero la GP2 carece, lógicamente, del poder de la categoría reina. Por eso ningún circuito del mundo está interesado en acoger sus carreras salvo que sean teloneras del gran espectáculo que garantizan los Alonso, Raikkonen o Schumacher. Ninguno excepto Cheste, que se ofreció para albergar de forma inmediata la GP2 a la espera de que el sueño de la Fórmula 1 se hiciera realidad.
Ecclestone aplaudió el gesto, dio a Valencia la apertura del Mundial y visitó la ciudad para evaluar cuándo recibiría el premio que en realidad buscaba. Entonces vio el puerto y tomó la gran decisión.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 28 de mayo de 2006)
El Valencia se busca a sí mismo
Si el fútbol fuera motociclismo, podría decirse del Valencia que se agarra muy bien en las curvas y pierde fuerza en las rectas. Mientras la vida social y deportiva del club deambuló por los retorcidos senderos de la polémica, los éxitos se sucedieron. Con la gestión bloqueada por la deuda y en medio de un mar de intrigas urdidas en la trastienda para hacerse con el poder, el equipo supo aislarse y llegaron los títulos.
El aterrizaje de Juan Soler, en el verano de 2004, debía dar al Valencia el definitivo impulso que lo consolidara entre los clubes más grandes del mundo. Al menos sobre el guión. Blanquinegro de corazón y multimillonario de profesión, el promotor compró la paz social a golpe de talonario y se dispuso a hacer funcionar el Valencia como si fuera una más de sus productivas empresas.
El flamante presidente identificó buena gestión con férreo control y parceló su consejo de tal modo que él movía todos los hilos y sólo se dejaba influir por su más íntimo círculo de colaboradores, aquellos que llegaron con él al Valencia. Maquinó una inteligente estrategia para relanzar económicamente el club. Jugó con las cartas marcadas y todo le salió bien. La recalificación del suelo de Mestalla, la construcción de un nuevo estadio y el traslado de la Ciudad Deportiva llenarán de dinero las depauperadas arcas blanquinegras.
Pero no siempre los trazos firmes desembocan en líneas rectas. El exceso de presidencialismo y narcisismo suele funcionar mal en Mestalla. Cuando compró las acciones a Francisco Roig, Juan Soler no cayó en el detalle de mirarse en el espejo de aquel con el que comerciaba. Como él, hizo suyo el club y erró. Por eso todo comenzó a desmoronarse. Primero se fue a pique el proyecto deportivo y esto generó tal descrédito que acabaron resintiéndose las finanzas, hasta el punto de minimizar el milagro de Porchinos, que debía dejar la deuda a cero y al final sólo servirá para salir del paso.
El año de zozobra que ha vivido el valencianismo vale, al menos, para que Juan Soler haya aprendido la lección. El tantas veces ninguneado Jaime Ortí le marca el camino. Basta con ceñirse al principio inspirador del liberalismo: dejar hacer, dejar pasar. El presidente lo ha entendido y se ha puesto manos a la obra.
A priori, la cordura parece haber regresado al Valencia. Soler se ha quitado el chándal para dejar toda la gestión deportiva en manos de un profesional como Javier Subirats, que conoce y siente muy dentro de sí este club. Le ha entregado todo el poder para que se implique y, a final de temporada, sea juzgado por sus aciertos y errores.
Subirats eligió a Quique entre un manojo de técnicos. Vio en el madrileño el mismo espíritu inconformista que en su día le condujo a fichar a Benítez. Y también él ha decidido qué necesidades tenía esta plantilla. Sólo se encontró con un fichaje hecho, el de Edu, que además le satisfacía plenamente. A partir de ahí, hizo y deshizo a su antojo. Frenó en seco todas las gestiones abiertas para traer a Baros, Kalou o Maxi Rodríguez e impuso su lista de prioridades.
Él pidió y Juan Soler le dio cuanto pudo. No vino Nihat, pero probablemente lo haga el año próximo. Algo similar ocurre con Willy Sagnol, salvo que el dinero del Bayern de Múnich quiebre la voluntad del francés. Y paulatinamente fueron cayendo Kluivert, Mora, Regueiro, Villa...
El director deportivo del club ha asumido riesgos. Así debe considerarse el pago de 3,5 millones por Estoyanoff, un joven uruguayo que llegó a precio de oro para ir cedido al Cádiz, o los 600.000 euros que costó pacificar la relación con el Levante tras el incendiario fichaje de José Enrique. También lo ha sido la contratación de Miguel, decisión salomónica con la que Subirats saldó su primera discrepancia con Quique. Fue un golpe en la mesa. Al técnico no le gustaba el portugués, pero el director deportivo impuso su criterio. Para eso le pagan.
Con errores y aciertos, esta pretemporada ha servido para demostrar que la profesionalización del club da sus resultados. Se fue Palop y Juan Soler tenía al instante ante sí un abanico de sustitutos entre los que se escogió a Mora. La lesión de Edu halló una inmediata réplica en la contratación de Hugo Viana.
Con el presidente en los despachos, Subirats en la grada y Quique en el banquillo todo debería ir mejor. El primer examen no es válido. El fracaso en la Intertoto ha sido un duro golpe, pero la lógica invita a pensar que el Valencia ha sentado los cimientos para reencontrarse consigo mismo.
El aterrizaje de Juan Soler, en el verano de 2004, debía dar al Valencia el definitivo impulso que lo consolidara entre los clubes más grandes del mundo. Al menos sobre el guión. Blanquinegro de corazón y multimillonario de profesión, el promotor compró la paz social a golpe de talonario y se dispuso a hacer funcionar el Valencia como si fuera una más de sus productivas empresas.
El flamante presidente identificó buena gestión con férreo control y parceló su consejo de tal modo que él movía todos los hilos y sólo se dejaba influir por su más íntimo círculo de colaboradores, aquellos que llegaron con él al Valencia. Maquinó una inteligente estrategia para relanzar económicamente el club. Jugó con las cartas marcadas y todo le salió bien. La recalificación del suelo de Mestalla, la construcción de un nuevo estadio y el traslado de la Ciudad Deportiva llenarán de dinero las depauperadas arcas blanquinegras.
Pero no siempre los trazos firmes desembocan en líneas rectas. El exceso de presidencialismo y narcisismo suele funcionar mal en Mestalla. Cuando compró las acciones a Francisco Roig, Juan Soler no cayó en el detalle de mirarse en el espejo de aquel con el que comerciaba. Como él, hizo suyo el club y erró. Por eso todo comenzó a desmoronarse. Primero se fue a pique el proyecto deportivo y esto generó tal descrédito que acabaron resintiéndose las finanzas, hasta el punto de minimizar el milagro de Porchinos, que debía dejar la deuda a cero y al final sólo servirá para salir del paso.
El año de zozobra que ha vivido el valencianismo vale, al menos, para que Juan Soler haya aprendido la lección. El tantas veces ninguneado Jaime Ortí le marca el camino. Basta con ceñirse al principio inspirador del liberalismo: dejar hacer, dejar pasar. El presidente lo ha entendido y se ha puesto manos a la obra.
A priori, la cordura parece haber regresado al Valencia. Soler se ha quitado el chándal para dejar toda la gestión deportiva en manos de un profesional como Javier Subirats, que conoce y siente muy dentro de sí este club. Le ha entregado todo el poder para que se implique y, a final de temporada, sea juzgado por sus aciertos y errores.
Subirats eligió a Quique entre un manojo de técnicos. Vio en el madrileño el mismo espíritu inconformista que en su día le condujo a fichar a Benítez. Y también él ha decidido qué necesidades tenía esta plantilla. Sólo se encontró con un fichaje hecho, el de Edu, que además le satisfacía plenamente. A partir de ahí, hizo y deshizo a su antojo. Frenó en seco todas las gestiones abiertas para traer a Baros, Kalou o Maxi Rodríguez e impuso su lista de prioridades.
Él pidió y Juan Soler le dio cuanto pudo. No vino Nihat, pero probablemente lo haga el año próximo. Algo similar ocurre con Willy Sagnol, salvo que el dinero del Bayern de Múnich quiebre la voluntad del francés. Y paulatinamente fueron cayendo Kluivert, Mora, Regueiro, Villa...
El director deportivo del club ha asumido riesgos. Así debe considerarse el pago de 3,5 millones por Estoyanoff, un joven uruguayo que llegó a precio de oro para ir cedido al Cádiz, o los 600.000 euros que costó pacificar la relación con el Levante tras el incendiario fichaje de José Enrique. También lo ha sido la contratación de Miguel, decisión salomónica con la que Subirats saldó su primera discrepancia con Quique. Fue un golpe en la mesa. Al técnico no le gustaba el portugués, pero el director deportivo impuso su criterio. Para eso le pagan.
Con errores y aciertos, esta pretemporada ha servido para demostrar que la profesionalización del club da sus resultados. Se fue Palop y Juan Soler tenía al instante ante sí un abanico de sustitutos entre los que se escogió a Mora. La lesión de Edu halló una inmediata réplica en la contratación de Hugo Viana.
Con el presidente en los despachos, Subirats en la grada y Quique en el banquillo todo debería ir mejor. El primer examen no es válido. El fracaso en la Intertoto ha sido un duro golpe, pero la lógica invita a pensar que el Valencia ha sentado los cimientos para reencontrarse consigo mismo.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 12 de septiembre de 2005)
Juan Soler: "A Benítez se le puede volver a abrir en el futuro la puerta del Valencia"

Juan Soler saltó hace un año al ruedo del fútbol. Compró la paz social a Paco Roig y pasó a ocupar una discreta vicepresidencia. Era junio de 2004 y aún faltaban cuatro meses para que el promotor tomara las riendas del Valencia. Desde su llegada, el club ha ido ganando dinero al mismo tiempo que dilapidaba su prestigio deportivo. El Valencia es hoy una entidad saneada económicamente, pero ha cerrado la temporada sin títulos y en 12 meses ha visto desfilar a cuatro entrenadores y tres directores deportivos. Juan Soler analiza su primer año en el club y para ello recibe a LAS PROVINCIAS en el mismo despacho donde lo hizo hace justo un año, cuando trenzaba sueños que terminaron convertidos en pesadillas.
-Viendo su suntuoso despacho, es difícil imaginar qué le apasiona más, el arte o el fútbol.
-Se cumple un año de su aterrizaje en el Valencia. ¿Pensaba que esto iba a ser más fácil?
-Ni más fácil ni más difícil. Asumí la responsabilidad porque era el vicepresidente y suponía un reto. Los desafíos me gustan y cuando me meto en un sitio no me vuelvo atrás.
-Pero no esperaría un año tan convulso...
-Es un cúmulo de circunstancias. Ha sido un año duro, pero he aprendido. No me gusta mirar atrás. Hay que extraer las cosas buenas. Ahora lo único importante es planificar con ilusión la temporada que viene.
-Es un cúmulo de circunstancias. Ha sido un año duro, pero he aprendido. No me gusta mirar atrás. Hay que extraer las cosas buenas. Ahora lo único importante es planificar con ilusión la temporada que viene.
-¿Ha sufrido más de lo que ha disfrutado?
-He sufrido mucho, porque no puedes exteriorizar en un campo de fútbol tus emociones. Tienes que permanecer impasible y la tensión la acumulas dentro.
-He sufrido mucho, porque no puedes exteriorizar en un campo de fútbol tus emociones. Tienes que permanecer impasible y la tensión la acumulas dentro.
-¿Qué lejos queda esa foto de París (una imagen de Soler con su hijo en la final de la Liga de Campeones, ambos con una bufanda del Valencia al cuello, preside el aparador de su despacho)?
-Sí, todo ha cambiado mucho. Pero tengo una enorme ilusión por que este proyecto salga adelante y el Valencia vuelva al sitio que merece.
-Sí, todo ha cambiado mucho. Pero tengo una enorme ilusión por que este proyecto salga adelante y el Valencia vuelva al sitio que merece.
-¿De qué se arrepiente?
-De nada. Yo medito mucho antes de decidir y si hoy tuviera que actuar volvería a hacerlo igual. -¿La mayor satisfacción?
-Para un aficionado, estar en la cabeza de tu club es un orgullo. El trato con las peñas depara momentos muy emotivos.
-¿Y la mayor decepción?
-Que no se haya cumplido las expectativas deportivas.
-Que no se haya cumplido las expectativas deportivas.
-¿En algún momento pensó que lo mejor habría sido olvidarse de sindicatos y permitir que su padre vendiera las acciones a Paco Roig?
-Insisto en que no me arrepiento de nada. El Valencia necesitaba un cambio y yo me sentía capacitado para dárselo.
-¿Juan Soler pide consejo a Bautista Soler para dirigir el Valencia?
-No sólo para las decisiones de club, sino también para las empresariales, normalmente consultamos mucho. La veteranía es un grado.
-¿Y en estos 12 meses él le ha dicho alguna vez: "Juanito, ahí te has equivocado"?
-Jamás. Está conmigo y no hay ningún problema.
-Es curioso que para analizar su gestión deportiva debamos empezar hablando de tribunales. ¿Habrá acuerdos con Benítez y Ranieri para evitar el sonrojo de verse con ellos en un juzgado?
-Supongo que sí, pero debo decir que yo no siento sonrojo cuando defiendo los intereses del Valencia. No permitiré que el club gaste más dinero del que marca la ley por el simple hecho de evitarme un mal trago. No se me caen los anillos por ir una y cuarenta veces donde haga falta para defender al Valencia.
-En el caso de Benítez está próximo el acuerdo.
-Y en el de Ranieri también.
-¿Cuánto dinero les separa?
-Estamos a 300.000 euros de Ranieri y a 600.000 de Benítez.
-Hablando de Rafa, ¿siente algo especial al verle campeón de Europa?
-Envidia sana. Yo con él apenas tuve contacto y me hubiera encantado que siguiera con nosotros. Habríamos puesto todo a su disposición, pero nos conoció un poco tarde. Si lo conozco antes, lo convenzo. De todas maneras, él ha dado todo por el Valencia, ha llevado al club a una de sus etapas más gloriosas y hay que estarle agradecidos. El rencor no es bueno. Además, nunca se sabe. El día de mañana, la puerta del Valencia se le puede volver a abrir.
-Con la mano en el corazón, ¿se hizo todo lo posible por retener a Benítez o se hizo lo imposible por que se fuera?
-Se hizo todo lo posible y lo imposible para que se quedara. Hablé con él tras ganar la Liga en Sevilla y me pidió que charláramos una vez concluido el campeonato. Después del partido contra el Albacete le propuse que fuéramos un día a comer para abordar el futuro, proyectos... Me dijo que le llamara, lo hice, pero aquella comida no se celebró. El lunes de la semana siguiente nos citó en su casa. Sinceramente, yo creía que íbamos para renovarle y la sorpresa fue que no hubo posibilidad.
-¿Por qué no?
-Porque Rafa tenía una oferta importantísima del Liverpool, que le garantizaba cuatro años y mucho más dinero del que cobraba aquí. Es el único motivo por el que se fue.
-El Valencia le felicitó por su triunfo en Estambul. ¿Lo ha hecho también Juan Soler a título personal?
-Llamé al presidente del Liverpool y mandamos una carta a Rafa.
-De sus palabras se deduce que no es impensable ver algún día a Benítez de nuevo en el banquillo de Mestalla con usted como presidente.
-No me gusta guardar rencor a las personas y creo que la vida da muchas vueltas. Igual que Ranieri ha tenido su segunda etapa en el Valencia, no me atrevo a decir que no pasará lo mismo con Benítez.
-No me gusta guardar rencor a las personas y creo que la vida da muchas vueltas. Igual que Ranieri ha tenido su segunda etapa en el Valencia, no me atrevo a decir que no pasará lo mismo con Benítez.
-¡Al menos no habrá una tercera etapa de Ranieri!
-Hombre, tampoco se puede decir (ríe). Pero en ese caso habría que dejar enfriar un poquito la cosa.
-Usted no oculta que ha cometido errores. ¿Cuáles son responsabilidad exclusiva suya y cuáles achacables a su equipo de trabajo?
-Yo soy el presidente y no voy a culpar nunca al resto de consejeros. Si a alguien han de pedir responsabilidades es a mí. Este primer año hemos querido aprender. Por ejemplo, encomendamos a Ranieri las funciones de manager general y entrenador a la vez. Sin embargo, cuando los resultados deportivos se estropearon tuvo que centrarse en una, descuidando la otra. Esto te demuestra que no puede ser la misma persona la que ocupe los dos cargos, pero sólo lo compruebas en la práctica. Más que equivocarnos, nos ha faltado experiencia.
-El aficionado puede comprender el error con Ranieri, pero cuesta un poco más entender la precipitación al renovar a Antonio López.
-No se está enfocando bien la cuestión. Nosotros ofrecimos a López un año como entrenador si el equipo se clasificaba para la Champions League o dos como director deportivo. Pero hay que tener en cuenta que antes de esto ya negociábamos con él para que, por ese mismo sueldo, se quedara como director de la escuela. Por lo tanto, no le estábamos planteando nada nuevo. De todas maneras, debido a su implicación, al final de la temporada se le propuso quedarse tres años y él optó libremente por marcharse.
-Parece lógico, ya que por contrato debía ser director deportivo y usted sólo le ofreció volver a la escuela.
-A él le prometimos una dirección deportiva. No se le dijo que fuera la del primer equipo.
-Durante muchos días han convivido un entrenador que aspiraba a ser director deportivo y un director deportivo que buscaba entrenador. Y todo ello envuelto por la más absoluta indefinición.
-Antonio López y yo hemos hablado mucho y él conocía perfectamente cómo estaba la situación. Por eso ha agradecido mi sinceridad.
-¿En qué momento se dio usted cuenta de que López no le servía como técnico para el año próximo?
-En el campo del Levante, cuando dejamos matemáticamente de tener opciones de clasificarnos para la Champions League. Yo quería que entráramos en esa competición por el Valencia y por Antonio López.
-Pero usted no descartaba la continuidad del cordobés incluso quedando fuera de la Champions.
-Sí, aunque eso era más difícil.
-Subirats lo tenía muy claro, ¿no?
-Bueno, tampoco se quiso pronunciar hasta el final. Él había establecido sus contactos, pero hasta que terminó la Liga no dio su opinión.
-Quique ha reconocido que le falta experiencia. ¿Teme que el reto le llegue demasiado pronto?
-En absoluto. Tiene una personalidad muy fuerte y le gustan los desafíos, el trabajo. Subirats apuesta por él como en su día lo hizo por Benítez, que era también un desconocido que venía de Segunda División. Sé que Quique devolverá al Valencia al sitio que merece.
-¿Habría pensado Juan Soler en contratar a Quique de no proponer Subirats su fichaje?
-Yo tenía mis favoritos y por supuesto Quique era uno de ellos. Pero tampoco me había planteado seriamente el nombre del entrenador. No quería que ningún comentario mío llegara a Javier. Él debía tener libertad total para elegir.
-¿Qué otros técnicos a gusto del presidente habrían podido venir?
-No es oportuno nombrarlos ahora. El entrenador que se ha elegido es Quique y estamos con él a tope.
-¿Será Subirats una especie de parachoques de Juan Soler?
-No. Subirats es un profesional como la copa de un pino. Ya lo demostró en su anterior época en el Valencia y, más que un escudo, será la persona que organice el club en toda la faceta deportiva.
-Antes de pensar en él, usted ofreció el cargo a Sol, Fernando, Arnesen, López... ¿Entendería que Subirats se sintiera segundo plato?
-Se lo he explicado también a él. Quise mantener reuniones con ex jugadores, algunos de los cuales se ubicarán dentro del Valencia en distintas áreas. He hablado con muchos, no sólo con los que se han publicado. Y fue por aprender, por conocer el mundo del fútbol.
-Pero a todos les propuso la dirección deportiva antes que a Subi.
-No. Les dije que el año que viene montaría una dirección deportiva y les pedí su opinión.
-Juan Soler ha admitido que no conocía a Javier Subirats. ¿Quién le sugirió su contratación?
-Fue una decisión de cinco o seis consejeros a los que yo planteé su nombre. Yo no conocía a Subirats, pero sí estaba al corriente de su trayectoria.
-Arnesen dijo no al Valencia, pero ahora negocia con el Chelsea. ¿Se siente traicionado por el danés?
-La falta de resultados durante esta temporada obliga a hipermotivar a la afición. ¿Teme que a la gente le sepan a poco los Edu, Kluivert, Villa…? ¿No cree que se espera un ‘megacrack’?
-Bueno, es que 'megacracks' hay muchos en la plantilla.
-Sí, pero una cara nueva.
-Insisto en que tenemos siete u ocho jugadores de primer nivel que todo club europeo soñaría con fichar. Traeremos lo que nos pidan la dirección deportiva y el entrenador. No hemos de poner la cabeza en un nombre concreto, ni pagar porque sí cantidades astronómicas. El secreto del Valencia siempre ha sido el equipo. Y eso no se compra con dinero. Lo que hace falta es implantar de nuevo la filosofía de que cuando metamos un gol el rival vea imposible ya ganar.
-Pero parte de su consejo le anima a lanzarse a por un jugador mediático, de modo que Soler pase a la historia como “el presidente que trajo a...”
-Sería volver a endeudarnos e imponer una disconformidad en el vestuario, que es una piña.¿
-Podemos decir entonces que el jugador mediático de esta campaña es Kluivert, si su estado físico se lo permite, y que no cabe esperar ninguna otra sorpresa de mayor calado?
-Bueno, quedan todavía dos meses (sonríe maliciosamente), pero Claudio López no era un crack cuando vino, ni Kempes... En el futuro se hablará muy bien de los jugadores que fichemos.
-¿Qué precio tiene cancelar la gira por Arabia y Japón?
-Dos o tres millones, pero no pasa nada, pues priorizamos el tema deportivo. Este año no hay excusas. Preguntamos a los técnicos: ‘‘¿Cómo queréis la temporada?, ¿cómo la planificamos?...’’. En el plano deportivo es más difícil recuperarse que en el económico si se empieza con mal pie.
-En el último mes se ha recrudecido el problema de los ultras. ¿Prevé algún plan de choque?
-El año pasado iniciamos conversaciones con ellos. Les retiramos una serie de privilegios.
-¿Como cuáles?
-Tenían un cuartito en Mestalla para guardar sus pancartas y sus símbolos, se les regalaba invitaciones a los partidos y se les daba más facilidades a la hora de adquirir los pases. Todo eso se eliminó. Sin embargo, quiero resaltar que hasta el día del Levante nadie puede tener queja de ellos. Se les fue la situación de las manos con aquella pancarta de Montanejos, pero los ultras del Valencia no son los de otros equipos. Los veo fácilmente reconducibles. Seguiremos negociando, porque por la vía del diálogo llegaremos a buenos acuerdos.
-¿Aprueba la actitud de sus jugadores al lanzar sus camisetas a los Yomus?
-No la entiendo.
-¿Y comprende que luego hayan justificado este gesto?
-Tengo que hablar con los jugadores, porque no entiendo su comportamiento.
-La gestión económica es su principal aval. ¿Se siente el salvador del Valencia?
-Ni mucho menos. Cuando se entra en un proyecto, cada uno debe ofrecer lo que sabe. Al principio hubo muchas críticas porque éramos tres promotores dentro del consejo y con el tiempo se ha demostrado que sabemos aportar nuestra sapiencia en beneficio del club. Prometimos cancelar la deuda en un año y ahí están los resultados.
-Aunque Porchinos permita enjugar la deuda del club, el fracaso deportivo tiene un precio: el Valencia cerrará el presupuesto anual con pérdidas de 24 millones, dejará de ingresar 12 millones por no ir a la Champions, pagará otros 12 en finiquitos, está obligado a vender a jugadores que se han devaluado...
-Lo de no entrar en la Champions afectará al presupuesto del año que viene. Ya veremos cómo lo reajustamos. Y en cuanto al déficit de este ejercicio, viene motivado por el pago de las primas por la Liga y la Copa de la UEFA. Me gustaría tener todos los años un desfase así.
-Pero será imposible alcanzar la prometida deuda cero.
-Siempre he dicho que si no es la deuda cero será la deuda casi cero. Y tenemos más proyectos económicos que nos darán mucha liquidez.
-¿Puede avanzar alguno de ellos?
-En el fútbol, como en los negocios, la discreción es la mejor arma.
-¿Cambiaría todo el dinero de Porchinos por un doblete?
-Tendremos el dinero de Porchinos e intentaremos hacer un doblete.
-El pleno que debe dar el visto bueno al proyecto estaba fijado para fin de mayo, pero no se ha celebrado. ¿Teme que haya demoras?
-Son cuestiones administrativas. Se solicitaron unos informes y no han llegado. Estamos a la espera.
-¿El fin justifica los medios?
-(Hace una larga pausa) Depende.
-¿Entiende entonces que le critiquen por Porchinos, donde usted manejó información privilegiada que no tenían los vendedores?
-Aun sabiendo para qué eran los terrenos, si el valor de la hanegada de naranjos estaba en millón y medio hemos pagado tres. El doble. Quisimos que, empezando por el propietario del suelo, nadie se sintiera perjudicado en la operación. De no ir el Valencia a Porchinos, los propietarios habrían obtenido la mitad.
-Pero esa hanegada por la que pagó tres millones luego vale seis.
-Si yo hubiera hecho esta actuación para mi empresa, en lugar de para el Valencia, no habría dado más de millón y medio y habría seguido valiendo seis. Eso es legal.
-¿Y moral?
-Nosotros acometimos este proyecto como lo hace cualquier empresa de la Comunidad Valenciana. Aparte de pagar el doble por los terrenos, hemos querido respetar el medio ambiente hasta el extremo de hacer actuaciones de repoblación de los montes colindantes, se ha cedido a la Conselleria el doble de los metros exigibles para la zona del río Turia... Es decir, que hemos querido que el Valencia, que no es una sociedad mercantil, sea ejemplo.
-¿Ningún futbolista o miembro del club se ha beneficiado a nivel particular de esta operación?
-Ninguno. Si se hubiese detectado algún caso, esa persona no estaría ya en el Valencia. Se lo garantizo.
-¿Ratifica su voluntad de no recalificar Paterna?
-Repartiremos escuelas de fútbol por las tres provincias y en Paterna tendremos una de las más importantes.
-Pero Paterna es una golosina demasiado deliciosa como para creer que se destinará a ese fin.
-La actual Ciudad Deportiva tampoco es tan grande. Tiene 132.000 metros cuadrados de suelo. Si se convirtiera en superficie industrial, perderíamos casi un 50%. Estamos hablando de que quedarían unos 60.000 metros cuadrados, y tampoco es tanto el dinero que se puede obtener como para desmantelar las instalaciones. Además, Paterna merece el respeto del Valencia.
-¿Avanza la negociación con el Ayuntamiento para que el suelo del futuro Mestalla sea del club?
-Estamos negociando y esperamos que en los próximos días se produzca un desenlace.
-Por lo tanto, no existe el bloqueo que dejan entrever las declaraciones de Rita Barberá.
-Yo sólo sé que soy optimista. Pero eso no quiere decir que vaya a ser fácil. Entiendo a la alcaldesa y ella también entiende al Valencia.
-¿Encargaría el nuevo estadio a Santiago Calatrava?
-No estoy cerrado a un arquitecto u otro. Nosotros queremos hacer el estadio más moderno de Europa y que sea un referente arquitectónico. Abriremos un concurso de ideas y elegiremos al mejor.
-¿Calatrava?
-No me parecería mal, pero hay más. También otros valencianos merecerían ese reconocimiento.
-Al Valencia le ha venido bien, para atemperar el enfado popular, que baje el Levante?
-No tiene nada que ver. El Levante goza de mis simpatías. Incluso tengo dos pases. Es un equipo de la ciudad y los valencianistas deseamos que recupere la categoría.
-El Levante se siente menos apoyado por las instituciones que el Valencia...
-Ahí no me meto. Yo sólo sé lo que hacemos nosotros.
-¿Está el Valencia contento con la actitud de las instituciones que gobierna el PP?
-En este momento, sí.
-¿Podría ser mejor la relación?
-Yo creo que no. Es magnífica.
-En fútbol la paciencia es un bien escaso. ¿Está preparado para el día en que la grada le pite?
-Por supuesto. El socio tiene derecho a exteriorizar sus sentimientos, aunque yo estoy con la conciencia muy tranquila y duermo fenomenal. Si algún día sintiera remordimientos, lo dejaría.
-¿Es Juan Soler un presidente de larga duración?
-No quiero eternizarme en el cargo. Sé lo que puedo hacer y cuando termine cederé mi puesto.
-En su afán por gestionar el Valencia como una empresa, le obsesiona mantener la confidencialidad en todas sus gestiones. ¿No cree que la desinformación puede ser más nociva que la información?
-¿Hasta qué punto una filtración es una información?
-Antes lo era...
-(Sonríe) Yo creo que la información es que, cuando se tiene una operación cerrada, se hace una rueda de prensa y se notifica a todo el mundo lo mismo. Eso es una noticia. El resto de versiones que circulen me parecen especulaciones que hacen más mal que bien.
-Quique, Subirats, Armiñana, Soriano... ¿Lo único malo de Cor i Força era Paco Roig?
-No, hombre, no, con Paco no hay ningún problema (sonríe). Al entrar en el Valencia quise unir a todo aquel que sintiera algo por este club. Si se ha alcanzado una paz social estamos obligados los de un lado y los de otro a luchar juntos.
-¿La paz social se ha firmado o se ha comprado?
-La paz social se ha alcanzado. Ahora no hay guerras y vamos todos en la misma dirección.
-Ramón Aznar censuró su política deportiva antes de dejar el consejo. ¿Teme más deserciones?
-Todos los consejeros saben perfectamente cuál es la política del club y me llevaría una sorpresa.
-¿Tiene constancia de que exista una corriente contraria a usted dentro del grupo rector?
-A mí no me consta.
-¿Cuándo se dio cuenta de que había sido un error relegar a un segundo plano a Manuel Llorente?
-Se me ha malinterpretado. Si aparté a Manolo fue para comprobar yo en persona, sin que me lo dijera él, cómo funcionaban las distintas áreas del club. Eso no quiere decir que lo marginara y ahora lo recupere. Es como si le dices a una persona: Oye, deja que vea esto y luego sigue trabajando.
-En cualquier caso, estos meses le habrán servido para comprobar la valía profesional de Llorente.
-No tenía ninguna duda.
(Entrevista publicada el 13 de junio de 2005 en LAS PROVINCIAS)
-Sería volver a endeudarnos e imponer una disconformidad en el vestuario, que es una piña.¿
-Podemos decir entonces que el jugador mediático de esta campaña es Kluivert, si su estado físico se lo permite, y que no cabe esperar ninguna otra sorpresa de mayor calado?
-Bueno, quedan todavía dos meses (sonríe maliciosamente), pero Claudio López no era un crack cuando vino, ni Kempes... En el futuro se hablará muy bien de los jugadores que fichemos.
-¿Qué precio tiene cancelar la gira por Arabia y Japón?
-Dos o tres millones, pero no pasa nada, pues priorizamos el tema deportivo. Este año no hay excusas. Preguntamos a los técnicos: ‘‘¿Cómo queréis la temporada?, ¿cómo la planificamos?...’’. En el plano deportivo es más difícil recuperarse que en el económico si se empieza con mal pie.
-En el último mes se ha recrudecido el problema de los ultras. ¿Prevé algún plan de choque?
-El año pasado iniciamos conversaciones con ellos. Les retiramos una serie de privilegios.
-¿Como cuáles?
-Tenían un cuartito en Mestalla para guardar sus pancartas y sus símbolos, se les regalaba invitaciones a los partidos y se les daba más facilidades a la hora de adquirir los pases. Todo eso se eliminó. Sin embargo, quiero resaltar que hasta el día del Levante nadie puede tener queja de ellos. Se les fue la situación de las manos con aquella pancarta de Montanejos, pero los ultras del Valencia no son los de otros equipos. Los veo fácilmente reconducibles. Seguiremos negociando, porque por la vía del diálogo llegaremos a buenos acuerdos.
-¿Aprueba la actitud de sus jugadores al lanzar sus camisetas a los Yomus?
-No la entiendo.
-¿Y comprende que luego hayan justificado este gesto?
-Tengo que hablar con los jugadores, porque no entiendo su comportamiento.
“Cada hanegada de Porchinos la pagamos al doble de su precio”
-La gestión económica es su principal aval. ¿Se siente el salvador del Valencia?
-Ni mucho menos. Cuando se entra en un proyecto, cada uno debe ofrecer lo que sabe. Al principio hubo muchas críticas porque éramos tres promotores dentro del consejo y con el tiempo se ha demostrado que sabemos aportar nuestra sapiencia en beneficio del club. Prometimos cancelar la deuda en un año y ahí están los resultados.
-Aunque Porchinos permita enjugar la deuda del club, el fracaso deportivo tiene un precio: el Valencia cerrará el presupuesto anual con pérdidas de 24 millones, dejará de ingresar 12 millones por no ir a la Champions, pagará otros 12 en finiquitos, está obligado a vender a jugadores que se han devaluado...
-Lo de no entrar en la Champions afectará al presupuesto del año que viene. Ya veremos cómo lo reajustamos. Y en cuanto al déficit de este ejercicio, viene motivado por el pago de las primas por la Liga y la Copa de la UEFA. Me gustaría tener todos los años un desfase así.
-Pero será imposible alcanzar la prometida deuda cero.
-Siempre he dicho que si no es la deuda cero será la deuda casi cero. Y tenemos más proyectos económicos que nos darán mucha liquidez.
-¿Puede avanzar alguno de ellos?
-En el fútbol, como en los negocios, la discreción es la mejor arma.
-¿Cambiaría todo el dinero de Porchinos por un doblete?
-Tendremos el dinero de Porchinos e intentaremos hacer un doblete.
-El pleno que debe dar el visto bueno al proyecto estaba fijado para fin de mayo, pero no se ha celebrado. ¿Teme que haya demoras?
-Son cuestiones administrativas. Se solicitaron unos informes y no han llegado. Estamos a la espera.
-¿El fin justifica los medios?
-(Hace una larga pausa) Depende.
-¿Entiende entonces que le critiquen por Porchinos, donde usted manejó información privilegiada que no tenían los vendedores?
-Aun sabiendo para qué eran los terrenos, si el valor de la hanegada de naranjos estaba en millón y medio hemos pagado tres. El doble. Quisimos que, empezando por el propietario del suelo, nadie se sintiera perjudicado en la operación. De no ir el Valencia a Porchinos, los propietarios habrían obtenido la mitad.
-Pero esa hanegada por la que pagó tres millones luego vale seis.
-Si yo hubiera hecho esta actuación para mi empresa, en lugar de para el Valencia, no habría dado más de millón y medio y habría seguido valiendo seis. Eso es legal.
-¿Y moral?
-Nosotros acometimos este proyecto como lo hace cualquier empresa de la Comunidad Valenciana. Aparte de pagar el doble por los terrenos, hemos querido respetar el medio ambiente hasta el extremo de hacer actuaciones de repoblación de los montes colindantes, se ha cedido a la Conselleria el doble de los metros exigibles para la zona del río Turia... Es decir, que hemos querido que el Valencia, que no es una sociedad mercantil, sea ejemplo.
-¿Ningún futbolista o miembro del club se ha beneficiado a nivel particular de esta operación?
-Ninguno. Si se hubiese detectado algún caso, esa persona no estaría ya en el Valencia. Se lo garantizo.
-¿Ratifica su voluntad de no recalificar Paterna?
-Repartiremos escuelas de fútbol por las tres provincias y en Paterna tendremos una de las más importantes.
-Pero Paterna es una golosina demasiado deliciosa como para creer que se destinará a ese fin.
-La actual Ciudad Deportiva tampoco es tan grande. Tiene 132.000 metros cuadrados de suelo. Si se convirtiera en superficie industrial, perderíamos casi un 50%. Estamos hablando de que quedarían unos 60.000 metros cuadrados, y tampoco es tanto el dinero que se puede obtener como para desmantelar las instalaciones. Además, Paterna merece el respeto del Valencia.
-¿Avanza la negociación con el Ayuntamiento para que el suelo del futuro Mestalla sea del club?
-Estamos negociando y esperamos que en los próximos días se produzca un desenlace.
-Por lo tanto, no existe el bloqueo que dejan entrever las declaraciones de Rita Barberá.
-Yo sólo sé que soy optimista. Pero eso no quiere decir que vaya a ser fácil. Entiendo a la alcaldesa y ella también entiende al Valencia.
-¿Encargaría el nuevo estadio a Santiago Calatrava?
-No estoy cerrado a un arquitecto u otro. Nosotros queremos hacer el estadio más moderno de Europa y que sea un referente arquitectónico. Abriremos un concurso de ideas y elegiremos al mejor.
-¿Calatrava?
-No me parecería mal, pero hay más. También otros valencianos merecerían ese reconocimiento.
“El Levante goza de mis simpatías, es un equipo de la ciudad y los valencianistas deseamos que recupere la categoría”
-Al Valencia le ha venido bien, para atemperar el enfado popular, que baje el Levante?
-No tiene nada que ver. El Levante goza de mis simpatías. Incluso tengo dos pases. Es un equipo de la ciudad y los valencianistas deseamos que recupere la categoría.
-El Levante se siente menos apoyado por las instituciones que el Valencia...
-Ahí no me meto. Yo sólo sé lo que hacemos nosotros.
-¿Está el Valencia contento con la actitud de las instituciones que gobierna el PP?
-En este momento, sí.
-¿Podría ser mejor la relación?
-Yo creo que no. Es magnífica.
-En fútbol la paciencia es un bien escaso. ¿Está preparado para el día en que la grada le pite?
-Por supuesto. El socio tiene derecho a exteriorizar sus sentimientos, aunque yo estoy con la conciencia muy tranquila y duermo fenomenal. Si algún día sintiera remordimientos, lo dejaría.
-¿Es Juan Soler un presidente de larga duración?
-No quiero eternizarme en el cargo. Sé lo que puedo hacer y cuando termine cederé mi puesto.
-En su afán por gestionar el Valencia como una empresa, le obsesiona mantener la confidencialidad en todas sus gestiones. ¿No cree que la desinformación puede ser más nociva que la información?
-¿Hasta qué punto una filtración es una información?
-Antes lo era...
-(Sonríe) Yo creo que la información es que, cuando se tiene una operación cerrada, se hace una rueda de prensa y se notifica a todo el mundo lo mismo. Eso es una noticia. El resto de versiones que circulen me parecen especulaciones que hacen más mal que bien.
-Quique, Subirats, Armiñana, Soriano... ¿Lo único malo de Cor i Força era Paco Roig?
-No, hombre, no, con Paco no hay ningún problema (sonríe). Al entrar en el Valencia quise unir a todo aquel que sintiera algo por este club. Si se ha alcanzado una paz social estamos obligados los de un lado y los de otro a luchar juntos.
-¿La paz social se ha firmado o se ha comprado?
-La paz social se ha alcanzado. Ahora no hay guerras y vamos todos en la misma dirección.
-Ramón Aznar censuró su política deportiva antes de dejar el consejo. ¿Teme más deserciones?
-Todos los consejeros saben perfectamente cuál es la política del club y me llevaría una sorpresa.
-¿Tiene constancia de que exista una corriente contraria a usted dentro del grupo rector?
-A mí no me consta.
-¿Cuándo se dio cuenta de que había sido un error relegar a un segundo plano a Manuel Llorente?
-Se me ha malinterpretado. Si aparté a Manolo fue para comprobar yo en persona, sin que me lo dijera él, cómo funcionaban las distintas áreas del club. Eso no quiere decir que lo marginara y ahora lo recupere. Es como si le dices a una persona: Oye, deja que vea esto y luego sigue trabajando.
-En cualquier caso, estos meses le habrán servido para comprobar la valía profesional de Llorente.
-No tenía ninguna duda.
(Entrevista publicada el 13 de junio de 2005 en LAS PROVINCIAS)
Subirats regresa para construir otro Valencia campeón
El Valencia 2005-06 echó ayer a andar. Javier Subirats se convirtió, poco después de las 19 horas, en el nuevo director deportivo del club, el hombre fuerte de Juan Soler en materia futbolística. El técnico cobrará finalmente algo menos de un millón de euros brutos por temporada y permanecerá ligado al club durante tres años.
Sin embargo, Juan Soler no se ha pillado esta vez los dedos, como ocurrió con Claudio Ranieri. El contrato con Subirats incluye una cláusula que permitiría al Valencia rescindirlo de forma unilateral a cambio de una indemnización pactada.
La firma del acuerdo fue un mero formalismo. Todo había quedado zanjado 24 horas antes, en la conversación que presidente y técnico mantuvieron tras encontrarse fortuitamente en la calle de Colón.
El encargado de oficializar ayer el acuerdo fue el portavoz del consejo, tras algo más de dos horas de reunión. "La incorporación se hará efectiva cuando finalice el campeonato liguero", indicó Jordi Bruixola. Sin embargo, Javier Subirats explicó que desde ayer mismo trabaja ya "las 24 horas" para el Valencia. La presentación se efectuará a final de temporada.
El que fuera descubridor de Rafa Benítez y artífice del Valencia campeón del último lustro hizo gala de la ilusión con la que regresa al club que abandonó hace dos años y ocho meses. "Me siento muy feliz de estar aquí otra vez. Ahora, a intentar hacer las cosas bien para volver a ser un equipo grande", señaló en la sede del club.
Subirats no cree que se deba empezar de cero. Hereda una plantilla que él conoce mejor que nadie y cuya valía es indiscutible. "Los retos siempre son difíciles, pero lo que está claro es que hay una buena base dentro del equipo. Pienso que la próxima temporada se podrá llegar a lo más alto en todas las competiciones".
Aunque todavía queda pendiente su desvinculación del Hércules, Subirats insistió en que no esperará a su presentación para comenzar a trabajar en el segundo proyecto de Juan Soler.
El técnico de Paterna llega al cargo después de que el presidente descartara a Fernando Gómez y Frank Arnesen. El primero cometió el error de ser demasiado indiscreto, lo que indignó al consejo, mientras el segundo renunció por motivos personales. El sueldo de Subirats es moderado si se compara con lo que cobran otros directores deportivos. Sin ir más lejos, el mencionado Arnesen percibe casi el triple en el Tottenham Hotspur.
El primer cometido del nuevo responsable futbolístico será revisar la lista de fichajes con la que trabaja el secretario técnico Eduardo Maciá. Tendrá que darle el visto bueno, además de decidir quién se sentará en el banquillo la próxima temporada. El deseo presidencial es que continúe Antonio López. Así se lo ha prometido Juan Soler al cordobés esta misma semana, siempre que ante Levante y Osasuna el Valencia ofrezca una imagen similar a la de Montjuïc. Sin embargo, Subirats tendrá la última palabra y el constructor la respetará.
La contratación del director deportivo supone el último paso en la reestructuración del club pretendida por Soler. La entidad se dividirá en dos grandes áreas, la futbolística, dependiente de Subirats, y la administrativa. Al frente de esta última se situará un resucitado Manuel Llorente, que recupera de forma progresiva el protagonismo perdido. Soler valora su trabajo y siente que el director general tiene gran parte de responsabilidad en los éxitos recientes del Valencia.
A Llorente se le ha encomendado la misión de contratar para cada subárea a la persona más cualificada en esa materia concreta. Sin escatimar gastos. Este club, saneado tras la operación urbanística de Porchinos, dista mucho del de hace apenas un año. Entonces Llorente debía realizar juegos malabares para cuadrar las cuentas, pero ahora Soler entiende que invertir en un organigrama racional y en profesionales competentes es la fórmula del éxito. Sin reparar en gastos.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 19 de mayo de 2005)
Baros, Maxi y Juan Rodríguez ganan enteros
La contratación de Subirats reactiva el capítulo de fichajes, bloqueado hasta que el club pusiera rostro a la figura del director deportivo. Al margen de las negociaciones por Kalou, las de Milan Baros siguen su curso. El checo está de acuerdo con las condiciones que le ofrece el Valencia y el diálogo se retomará tras la final de la Champions. Otro fichaje avanzado es el de Maxi Rodríguez, interior derecho argentino del Espanyol.
La política de refuerzos de Juan Soler y Javier Subirats pasará por la búsqueda de jóvenes talentosos contratados antes de su consagración. Una vieja fórmula que no siempre ha funcionado. El Valencia tuvo atado por tres millones de euros a Cristiano Ronaldo, pero se le adelantó el Manchester y hoy vale cerca de 45. Juan Soler no quiere que eso vuelva a ocurrir.
Un ejemplo de esta nueva línea lo protagoniza Juan Rodríguez. El Valencia quiere utilizar a Salva como moneda de cambio para fichar al joven del Málaga, que seguiría en La Rosaleda como cedido. Alexis Ruano está casi descartado.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 19 de mayo de 2005)
Valencia y Feyenoord acercan posturas y el fichaje de Kalou está al caer
Salomon Kalou está mucho más cerca de convertirse en jugador del Valencia. Las negociaciones con el Feyenoord han experimentado un significativo avance en los últimos días, hasta el punto de que podrían culminar en una próxima reunión, con fecha todavía por determinar.
El gran obstáculo que se interponía entre el Valencia y Kalou, el Chelsea del potentado Abramovich, comienza a desmoronarse. La estricta normativa británica en materia de futbolistas extracomunitarios impide al atacante costamarfileño recalar en las filas del semifinalista de la Champions League. A Kalou le acaban de denegar la nacionalidad holandesa y tampoco cumple el requisito de haber jugado 25 partidos con su selección.
Todo ello le aproxima al Valencia, aunque el principal avance se ha producido en materia económica. Descartado el Chelsea, la oferta blanquinegra está ya muy cerca de lo que demanda el Feyenoord. Al inicio de la negociación los holandeses pedían 15 millones por su joven estrella, aunque la operación se cerrará por una cantidad muy inferior, presumiblemente en torno a la mitad.
Tras el ya seguro fichaje de Eduardo Daud Gaspar, Edu, mediocentro del Arsenal por el que se peleaban Juventus, Liverpool, Barcelona y Real Madrid, Kalou se convertirá, si no surge un contratiempo de última hora, en el segundo fichaje estelar del nuevo Valencia de Juan Soler.
El delantero del Feyenoord tan sólo tiene 19 años y esta temporada, la de su eclosión futbolística, ha marcado 19 goles en 29 partidos. Al igual que ocurrió con Edu, el Valencia se ha adelantado al resto de pretendientes.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 19 de mayo de 2005)
Soler prevé dejar a cero la deuda del Valencia el 30 de junio
Juan Soler tiene su particular cuento de la lechera y ayer lo recitó con deleite durante un almuerzo con los medios de comunicación. Si no se le rompe el cántaro, el presidente del Valencia habrá logrado el 30 de junio fulminar toda la deuda neta del club, que en estos momentos asciende a 105 millones de euros. Esta cantidad es ficticia, ya que antes de que el milagro tome cuerpo el déficit habrá crecido en otros 60 millones, que es el coste de los terrenos agrícolas adquiridos en Ribarroja para la futura Ciudad Deportiva. Sin embargo, Soler prevé pasar del todo a la nada este mismo verano, cuando el Valencia ingrese 180 millones por la venta del suelo destinado a vivienda.
La recalificación en la Masía de Porchinos no se efectuará antes de diciembre, pero el club tiene prisa. Mucha prisa. El 30 de junio ha de hacer un balance contable, y la temporada se saldará previsiblemente con pérdidas superiores a los 18 millones de euros. Por eso no esperará a que la actual superficie agrícola de Porchinos goce a fin de año de la calificación de urbanizable y venderá a una empresa la opción preferencial de compra sobre estos terrenos antes del 30 de junio para así cuadrar las cuentas. Sobre el papel, negocio redondo, histórico... y agónico. De no prosperar el proyecto, el Valencia quedaría en situación de quiebra técnica.
El presidente blanquinegro dibujó en su encuentro con la prensa un escenario económico idílico para el club. De hecho, incluso hay negociaciones para que el Valencia ni siquiera tenga que abonar un euro por las obras de la Ciudad Deportiva propiamente dicha. Existen empresas interesadas en hacer frente a las mismas a cambio de la explotación y patrocinio de las instalaciones.
Con la deuda fulminada, el segundo capítulo del cuento de la lechera se desarrollaría en la avenida de las Cortes Valencianas. La idea inicial de Soler era que todo el dinero de la recalificación de Mestalla se invirtiera en el futuro estadio. Así quedó dicho. Pero también aquí se atisban novedades. La historia de Ribarroja puede repetirse. Soler tiene sobre la mesa cinco propuestas de empresas que quieren pagar las obras del campo a cambio de explotar, durante cierto tiempo, la zona comercial anexa.
Ello supondría ahorrarse los cerca de 270 millones que obtendrá el Valencia por el actual solar de Mestalla y que ahora engrosarían las arcas del club.Sin embargo, para lograr sus objetivos Soler deberá sortear algunos obstáculos. Tanto en Ribarroja como en la avenida de las Cortes. En el primer caso, el PP de la localidad del Camp de Túria se ha hecho fuerte. El tiempo juega en contra del Valencia y todo el revuelo generado por quienes se oponen al proyecto obliga a los nueve ediles populares a extremar sus exigencias en beneficio del pueblo. El lunes presentarán una plataforma de reivindicaciones que el Valencia deberá satisfacer. En el consejo hay tranquilidad... de momento.
Paterna no se desmantelaráLo que ya no preocupa son las medidas de presión que pueda adoptar el Consistorio de Paterna, fundamentalmente la no recalificación de la actual Ciudad Deportiva. Soler descarta desmantelarla, ya que pasará a formar parte de una red de instalaciones destinada a potenciar el fútbol base blanquinegro por toda la Comunidad.
Más complicado lo tiene el Valencia en el caso del futuro estadio. El consejo de administración resucitará una vieja polémica, al reivindicar que el suelo donde se construirá el nuevo Mestalla sea propiedad del club. Todo lo contrario supondría perder patrimonio, incluida la fórmula de la sociedad mixta. Esto choca frontalmente con la pretensión municipal.
El estadio tendrá una capacidad de 70.000 a 80.000 espectadores, y por fin Soler ha dejado claro que su ubicación será la avenida de las Cortes, a pesar de la ambigüedad con la que hasta ahora se había pronunciado al respecto. El club pensó inicialmente en las inmediaciones de la Ciudad de las Artes, pero la idea se desechó por falta de espacio.
Confiado en que no se le desmorone el castillo de naipes, el presidente afirma estar preparado para los recelos que despertarán estas operaciones en el fútbol español. Le ocupan, pero no le preocupan. Sonríe cuando afirma que el Valencia va a ser en cuestión de meses el club más saneado de España y el más competitivo a la hora de fichar.
(Artículo publicado en LAS PROVINCIAS el 13 de abril de 2005)
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